Encontrar un socio chica

Colmena IV

2018.06.22 00:28 master_x_2k Colmena IV

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Colmena IV

Una gran molestia personal: que me pidan que llegue a un tiempo específico y luego me hagan esperar. Quince minutos era casi mi límite de paciencia.
Mi padre y yo habíamos estado esperando por más de treinta minutos.
“Esto tiene que ser intencional”, me quejé. Nos habían pedido que esperáramos en la oficina de la directora unos minutos después de que llegamos, pero la directora no había estado presente.
“Mmm. Tratando de demostrar que están en una posición de poder, capaces de hacernos esperar”, mi padre estuvo de acuerdo, “Tal vez. O solo estamos esperando a la otra chica.”
Estaba en un ángulo donde si me apoyaba en la silla un poco, podía ver el frente de la oficina a través de un espacio entre la parte inferior de las persianas y la ventana. No mucho después de que llegamos, Emma y su padre habían aparecido, luciendo totalmente casuales y sin estrés, como si fuera un día normal. Ella ni siquiera está preocupada. Su padre era su opuesto físico, más allá del cabello rojo que compartían; era grande en todo el sentido de la palabra. Más alto que el promedio, grande en el medio, y aunque podía hablar suavemente cuando la situación lo requería, tenía una voz poderosa que llamaba la atención de la gente. Emma solo tenía un pecho medianamente grande.
El papá de Emma estaba hablando con la mamá y el papá de Madison. Solo la madre de Madison era realmente pequeña como ella, pero tanto su madre como su padre se veían muy jóvenes. A diferencia de Emma y su padre, Madison y sus padres parecían preocupados, y yo estaba adivinando que algo de lo que el papá de Emma estaba haciendo era tranquilizarlos. Madison, en particular, miraba al suelo y no hablaba, excepto para responder a lo que Emma estaba diciendo.
Sophia fue la última en llegar. Parecía hosca, enojada, una expresión que me recordaba a Perra. La mujer que la acompañó definitivamente no era su madre. Era rubia y de ojos azules, tenía una cara en forma de corazón y llevaba una blusa azul marino con pantalones de color caqui.
La secretaria vino a buscarnos de la oficina no mucho después.
“La mirada en alto, Taylor”, murmuró mi padre, mientras colgaba mi mochila sobre un hombro, “Demuestra confianza, porque esto no será fácil. Puede que tengamos razón, pero Alan es socio de una firma de abogados, es un maestro manipulador del sistema.”
Asenti. Ya estaba teniendo esa impresión. Después de recibir una llamada telefónica de mi padre, Alan había sido el que convocó esta reunión.
Nos dirigieron hacia el pasillo donde estaban las oficinas del consejero, una sala con una mesa de conferencias en forma de huevo. El trío y sus guardianes estaban sentados en un extremo de la mesa, siete en total, y se nos pidió que nos sentáramos en el otro, la punta del huevo. La directora y mis maestros entraron a la sala no mucho después, completando los asientos entre nosotros. Tal vez estaba leyendo demasiado sobre las cosas después de ver un extraño eco de esta situación hace solo dos días, con la reunión de villanos, pero noté que el Sr. Gladly se sentó junto al padre de Madison, y la silla al lado de mi padre se quedó vacía. Hubiéramos estado completamente aislados de la masa de personas al otro lado de la mesa si la Sra. Knott, mi maestra de salón principal, no se hubiese sentado a mi izquierda. Me pregunté si lo habría hecho, si hubiera habido otro asiento.
Estaba nerviosa. Le dije a mi papá que había faltado a clases. No le había contado cuántas, pero no había querido repetir el error de Perra y dejarlo totalmente a ciegas. Me preocupaba que fuera mencionado. Preocupada de que esto no salga como esperaba. Preocupada de encontraría alguna manera de estropearlo.
“Gracias a todos por venir”, dijo la directora, mientras se sentaba, dejando una carpeta delgada frente a ella. Era una mujer estrecha, rubia escuro, con ese corte taza tan severo que nunca pude
entender por qué le gustaba a la gente. Iba vestida como si asistiera a un funeral: blusa negra, suéter y falda, zapatos negros. “Estamos aquí para hablar sobre incidentes en los que uno de nuestros estudiantes ha sido víctima.” Miró la carpeta que había traído, “Srta. ¿Hebert?”
“Esa soy yo.”
“Y las personas acusadas de mala conducta son... Emma Barnes, Madison Clements y Sophia Hess. Has estado en mi oficina antes, Sophia. Solo desearía que tuviera más que ver con el equipo de atletismo y menos con la detención.”
Sophia murmuró una respuesta que podría haber sido un acuerdo.
“Ahora, si entiendo las cosas, ¿Emma fue atacada fuera de las instalaciones de la escuela por la Srta. Hebert? ¿Y poco después, fue acusada de acoso escolar?”
“Sí”, Alan dijo: “Su padre me llamó, me confrontó, y pensé que era mejor llevar esto a los canales oficiales.”
“Probablemente sea lo mejor”, la directora estuvo de acuerdo. “Vamos a darle un fin a esto.”
Luego se volvió hacia mí y hacia mi papá, con las palmas hacia arriba.
“¿Qué?” Pregunté.
“Por favor. ¿Qué cargos pondrías contra estos tres?”
Me reí un poco, con incredulidad, “Que lindo. Entonces, ¿nos llaman aquí con poco tiempo de aviso, sin tiempo para prepararnos, y se espera que esté lista?”
“¿Tal vez esbozar algunos de los incidentes más importantes, entonces?"
“¿Qué pasa con los menores?” La desafié, “¿Todas las pequeñas cosas que hicieron que mi día a día fuera tan miserable?”
“Si no puedes recordar-”
“Recuerdo”, la interrumpí. Me incliné hacia la mochila que había puesto a mis pies y recuperé una pila de papel. Tuve que hojearlo durante unos segundos antes de poder dividirlo en dos montones. “Seis correos electrónicos maliciosos, Sophia me empujó por las escaleras cuando estaba cerca del fondo, me hizo soltar mis libros, tropezó y me empujó no menos de tres veces durante gimnasia, y me tiró la ropa mientras estaba en la ducha después de que la clase de gimnasia había terminado, mojándolas. Tuve que usar mi ropa de gimnasia por el resto de la mañana. En biología, Madison usó todas las excusas que pudo para usar el sacapuntas o hablar con la maestra, y cada vez que pasaba frente a mi escritorio, empujaba al suelo todo lo que tenía en mi escritorio. La estaba esperando la tercera vez, y cubrí mis cosas cuando se acercó, así que, en el cuarto viaje, vació el sacapuntas en una de sus manos y arrojó las virutas sobre mi cabeza y mi escritorio mientras ella pasaba. Las tres me acorralaron cuando terminaron las clases y me quitaron mi mochila y la tiraron a la basura.”
“Ya veo”, la directora hizo una cara comprensiva, “No es muy agradable, ¿verdad?”
“Eso el ocho de septiembre”, señalé, “Mi primer día de regreso a la escuela, el último semestre. El nueve de septiembre- “
“Disculpe, lo siento. ¿Cuántas entradas tienes?”
“Uno para casi todos los días escolares comenzando el último semestre. Lo siento, solo decidí hacer un seguimiento el verano pasado. El nueve de septiembre, otras tres muchachas de mi grado fueron alentadas por esas tres personas a burlarse de mí. Llevaba la mochila que habían arrojado a la basura, por lo que cada niña que estaba al tanto se tapaba la nariz o decía que olía a basura. Se corrió la voz, y para el final del día, otros se habían unido a la broma. Tuve que cambiar mi dirección de correo electrónico después de que mi bandeja de entrada se llenara en solo un día, con más del mismo tipo de cosas. Por cierto, tengo todos los correos electrónicos de odio que me enviaron aquí.” Puse mi mano en la segunda pila de papeles.
“¿Puedo?” Preguntó la Sra. Knott. Le di los correos electrónicos.
“Come vidrio y ahógate. Mirarte me deprime. Muere en un incendio”, recitó mientras pasaba las páginas.
“No nos desviemos”, dijo mi papá, “Llegaremos a todo a tiempo. Mi hija estaba hablando.”
“No terminé el nueve de septiembre”, le dije, “Um, déjame encontrar donde estaba. Clase de gimnasia, otra vez-”
“¿Quieres contar cada incidente individual?”, Preguntó la directora.
“Pensé que querrían que lo hiciera. No pueden emitir un juicio justo hasta que escuches todo lo que sucedió.”
“Me temo que parece bastante, y algunos de nosotros tenemos trabajos a los que volver esta tarde. ¿Puedes reducirlo a los incidentes más relevantes?”
“Son todos 'relevantes’”, dije. Tal vez había alzado la voz, porque mi papá puso su mano sobre mi hombro. Tomé aliento, y luego dije, tan tranquilamente como pude: “Si le molesta tener que escucharlo todo, imagine cómo se sintió vivirlo. Tal vez obtendrás solo una fracción de uno por ciento de una idea de cómo sería ir a la escuela con ellas.”
Miré a las chicas. Solo Madison parecía realmente alterada. Sophia me estaba mirando y Emma se veía aburrida, segura de sí misma. No me gustó eso.
Alan dijo: “Creo que todos comprendemos que ha sido desagradable. Usted ha establecido eso y le agradezco los detalles. Pero, ¿cuántos de esos incidentes puedes probar? ¿Los correos electrónicos fueron enviados desde las computadoras de la escuela?”
“Muy pocas direcciones de correo electrónico de la escuela, principalmente cuentas desechables de hotmail y yahoo”, la Sra. Knott respondió, mientras hojeaba las páginas, "Y para las pocas cuentas de correo electrónico de la escuela que se usaron, no podemos descartar la posibilidad de que alguien no haya dejado su cuenta abierta cuando salieron del laboratorio de computación.” Ella me dio una mirada de disculpa.
“Entonces los correos electrónicos están fuera de discusión”, dijo Alan.
“No es tu lugar para decidir eso”, respondió mi padre.
“Muchos de esos correos electrónicos fueron enviados durante el horario escolar”, recalqué. Mi corazón estaba latiendo. “Incluso los marqué con resaltador azul.”
“No”, dijo la directora, “Estoy de acuerdo con el Sr. Barnes. Probablemente sea lo mejor que centremos nuestra atención en lo que podemos verificar. No podemos decir quién envió esos correos electrónicos y desde dónde.”
Todo mi trabajo, todas las horas que había puesto en registrar eventos cuando recordar los eventos del día era lo último que quería hacer, todo en vano. Apreté los puños en mi regazo. “¿Estás bien?”, Murmuró mi padre en mi oído.
Sin embargo, había muy poco que realmente pudiera verificar.
“Hace dos semanas, el Sr. Gladly se me acercó”, me dirigí a la sala, “Verificó que algunas cosas habían ocurrido en su clase. Mi escritorio había sido destrozado con garabatos, jugo, pegamento, basura y otras cosas en diferentes días. ¿Recuerdas, Sr. Gladly?”
El señor Gladly asintió con la cabeza, “Sí.”
“Y después de la clase, ¿recuerdas haberme visto en el pasillo? ¿Rodeado de chicas? ¿Siendo insultada?”
“Recuerdo verte en el pasillo con las otras chicas, sí. Si mal no recuerdo, no pasó mucho tiempo después de que me dijeras que querías manejar las cosas por tu cuenta.”
“Eso no fue lo que dije”, tuve que controlarme para no gritar, “dije que pensaba que esta situación aquí, con todos los padres y maestros reunidos, sería una farsa. Hasta ahora, no me está demostrando que estaba equivocada.”
“Taylor”, mi padre habló. Puso su mano en uno de mis puños cerrados, luego se dirigió a la facultad, “¿Están acusando a mi hija de inventar todo lo que notó aquí?”
“No”, la directora dijo: “Pero creo que cuando alguien está siendo victimizado, es posible embellecer los eventos o ver el acoso cuando no hay ninguno. Queremos asegurarnos de que estas tres niñas reciban un trato justo.”
“¿Y yo-?” comencé, pero mi papá me apretó la mano y me callé.
“Mi hija merece un trato justo también, y si incluso uno de cada diez de estos eventos ocurrió, se trata de una campaña continua de abuso severo. ¿Alguien está en desacuerdo?”
“El abuso es una palabra fuerte”, Alan dijo, “Todavía no has probado-”
“Alan”, mi padre lo interrumpió, “Por favor, cállate. Esto no es un tribunal. Todos en esta mesa saben lo que hicieron estas chicas, y no pueden obligarnos a ignorarlo. Taylor cenó cientos de veces en tu mesa, y Emma hizo lo mismo en la nuestra. Si insinúas que Taylor es una mentirosa, dilo directamente.”
“Solo creo que ella es sensible, especialmente después de la muerte de su madre, ella-”
Empujé el montón de papeles fuera de la mesa. Había treinta o cuarenta hojas, por lo que era una buena nube de papeles a la deriva.
“No vayas allí”, hablé, en silencio, apenas podía oírme por el zumbido en mis oídos, “No hagas eso. Demuestra que eres al menos así humano.”
Vi una sonrisa en el rostro de Emma, antes de poner sus codos sobre la mesa y ocultarlo con sus manos.
“En enero, mi hija fue objeto de una de las bromas más maliciosas y repugnantes que he escuchado”, le dijo mi padre al director, haciendo caso omiso de los documentos que seguían llegando al piso, “terminó en el hospital Me miraste a los ojos y me prometiste que cuidarías de Taylor y estarías atento. Obviamente no lo has hecho.”
El Sr. Quinlan, mi profesor de matemáticas, habló: “Tienes que entender, otras cosas demandan nuestra atención. Hay una presencia de pandillas en esta escuela, y lidiamos con eventos serios como que los estudiantes lleven cuchillos a clase, consuman drogas y que los estudiantes sufran heridas que ponen en peligro la vida en peleas en el campus. Si no somos conscientes de ciertos eventos, no es intencional.”
“Entonces la situación de mi hija no es grave.”
“Eso no es lo que estamos diciendo”, le respondió la directora, exasperado.
Alan habló, “Vamos a ir al grano. ¿Qué les gustaría ver que suceda, aquí, en esta mesa, que harían que se vayan satisfechos?”
Mi papá se volvió hacia mí. Hablamos brevemente sobre esto. Dijo que, como vocero de su sindicato, siempre entraba en una discusión con un objetivo en mente. Establecimos la nuestra. La pelota estaba en mi cancha.
“Transfiérame a Arcadia High.”
Hubo algunas miradas de sorpresa.
“Esperaba que sugirieras expulsión”, respondió la directora, “La mayoría lo haría.”
“Ni mierda”, dije. Presioné mis dedos en mis sienes, “Lo siento por maldecir. Voy a ser un poco impulsiva hasta que haya superado esta conmoción cerebral. Pero no, sin expulsión. Porque eso solo significa que ellas pueden postularse a la escuela más cercana, Arcadia, y como no están inscriptas en la escuela, significaría una entrada acelerada más allá de la lista de espera. Eso es solo sería recompensarlas.”
“Recompensarlas”, habló la directora. Creo que lo tomó como un insulto. Bien.
“Sí”, le dije, sin preocuparme en lo más mínimo por su orgullo, “Arcadia es una buena escuela. Sin pandillas. Sin drogas. Tiene un presupuesto. Tiene una reputación por mantener. Si me acosaran allí, podría ir a la facultad y obtener ayuda. Nada de eso es cierto aquí.”
“¿Eso es todo lo que querrías?”, Preguntó Alan.
Negué con la cabeza, “No. Si fuera por mí, querría que esas tres tuvieran suspensión con clases durante los dos meses restantes del semestre. Sin privilegios tampoco. No se les permitirían bailes, acceso a eventos escolares, computadoras o un lugar en equipos o clubes.”
“Sophia es una de nuestras mejores corredoras en atletismo”, dijo la directora.
“En serio, en serio no me importa”, respondí. Sophia me miró.
“¿Por qué la suspensión con clases?”, Preguntó el Sr. Gladly, “Significaría que alguien tendría que vigilarlas constantemente.”
“¿Tendría que tomar clases de verano?”, Intervino Madison.
“Habría clases de recuperación si tomamos esa ruta, sí”, dijo la directora, “Creo que eso es un poco severo. Como el Sr. Gladly mencionó, requeriría recursos que no tenemos. Nuestro personal está bastante estirado como está.”
“La suspensión son unas vacaciones”, repliqué, “y solo significa que podrían hacer un viaje a Arcadia y vengarse de mí allí. No. Prefiero que no reciban ningún castigo que verlas suspendidas o expulsadas.”
“Como si eso fuera una opción”, bromeó Alan.
“Cállate, Alan”, respondió mi papá. Para el resto de la mesa, dijo: “No veo nada irreal acerca de lo que mi hija está proponiendo.”
“Por supuesto que no”, dijo el tutor de Sophia, “Te sentirías diferente si las cosas fueran al revés. Siento que es importante que Sophia continúe asistiendo a sus prácticas de atletismo. Los deportes le dan la estructura que ella necesita. Negarle eso solo conduciría a una disminución en su comportamiento y conducta.”
El padre de Madison agregó sus propios dos centavos: “Creo que dos meses de suspensión son demasiados.”
“Me veo obligado a estar de acuerdo en todos los aspectos”, dijo la directora. Mientras mi papá y yo nos movíamos para protestar, ella levantó las manos para detenernos: “Teniendo en cuenta los eventos que ocurrieron en enero, y con la propia admisión del Sr. Gladly de que ha habido incidentes en su clase, sabemos que ha habido algún tipo de intimidación constante. Me gustaría pensar que mis años como educadora me han dado la capacidad de reconocer la culpa cuando la veo, y estoy segura de que estas chicas son culpables de algo de lo que la víctima las acusa. Propongo una suspensión de dos semanas.”
“¿No me estabas escuchando?”, Le pregunté. Mis puños estaban apretados tan fuerte que mis manos temblaban, “No estoy pidiendo una suspensión. Eso es prácticamente lo último que quiero.”
“Estoy del lado de mi hija en esto”, dijo mi padre, “Yo diría que dos semanas son irrisorias, dada esta larga lista de ofensas criminales que estas niñas han cometido, excepto que no tiene nada de gracioso.”
“Tu lista significaría algo si pudieras respaldarla con evidencia”, comentó Alan irónicamente “Y si no estuviera por todo el piso.”
Pensé por un segundo que mi papá lo golpearía.
“Más de dos semanas significarían que las notas de estas chicas sufrirían hasta el punto de que podrían fallar el año”, dijo la directora, “No creo que eso sea justo.”
“¿Y mi trabajo escolar no ha sufrido debido a ellas?”, Le pregunté. El zumbido en mis oídos estaba llegando a su límite. Me di cuenta, tardíamente, que acababa de darle una oportunidad para mencionar mis clases perdidas.
“No estamos diciendo que no,” el tono de la directora era paciente, como si estuviera hablando con un niño pequeño. “Pero la justicia ojo por ojo no le hace ningún favor a nadie.”
Ella no había mencionado las clases. Me preguntaba si ella siquiera lo sabía.
“¿Hay alguna justicia aquí?” Respondí, “No la estoy viendo.”
“Están siendo castigadas por su mala conducta.”
Tuve que detenerme para conscientemente alejar a los bichos. Creo que estaban reaccionando a mi estrés, o mi conmoción me estaba haciendo un poco menos consciente de lo que estaba haciendo con ellos, porque estaban acercándose sin darles la orden. Ninguno había ingresado a la escuela o a la sala de conferencias, afortunadamente, pero cada vez me preocupaba más que mi control se escapara. Si lo hiciera, en lugar de vagar en mi dirección general o gravitar hacia mi ubicación, los bichos se convergirían en un enjambre de pleno.
Tomé una respiración profunda.
“Lo que sea”, le dije, “¿sabes qué? Bien. Permita que se salgan con dos semanas de vacaciones como recompensa por lo que me hicieron. Tal vez si sus padres tienen un gramo de corazón o responsabilidad, encontrarán un castigo apropiado. No me importa. Solo transfiéreme a Arcadia. Déjame alejarme de esto.”
“Eso no es realmente algo que pueda hacer”, dijo la directora, “Hay jurisdicciones-”
“Inténtalo”, le supliqué, “tira de algunas cuerdas, pide favores, habla con amigos en otras facultades.”
“No quiero hacer ninguna promesa que no pueda cumplir”, dijo.
Lo que significaba que no.
Me puse de pie.
“Taylor”, mi papá puso su mano en mi brazo.
“No somos el enemigo”, dijo la directora.
“¿No?” Me reí un poco, amarga, “Eso es gracioso. Porque parece que son ustedes, los matones y los otros padres contra mí y mi papá. ¿Cuántas veces me has llamado por mi nombre, hoy? Ninguna. ¿Sabes por qué? Es un truco que usan los abogados. Llaman a su cliente por su nombre, pero se refieren al otro tipo como la víctima, o el delincuente, dependiendo. Hace que tu cliente
sea más identificable, deshumaniza al otro lado. El empezó a hacerlo desde el principio, tal vez incluso antes de que esta reunión comenzara, e inconscientemente convenció.”
“Estás siendo paranoica”, dijo la directora, “Taylor. Estoy segura de haber dicho tu nombre.”
“Andate a la mierda”, espeté, “Me das nauseas. Eres una ilusa, fangosa, egoísta...”
“¡Taylor!” Mi papá tiró de mi brazo, “¡Detente!”
Tuve que concentrarme un segundo y ordenar a los bichos que se vayan, de nuevo.
“Tal vez traeré un arma a la escuela”, les dije, mirándolos, “si amenazara con apuñalar a una de esas chicas, ¿al menos me expulsarías? ¿Por favor?” Pude ver que los ojos de Emma se abrieron ante eso. Bueno. Tal vez ella dude antes de molestarme otra vez.
“¡Taylor!” Mi padre habló. Se puso de pie y me abrazó con fuerza, mi rostro contra su pecho, así que no pude decir nada más.
“¿Tengo que llamar a la policía?”, Escuché a Alan.
“Por última vez, Alan, cállate”, gruñó mi padre, “Mi hija tiene razón. Esto ha sido una broma. Tengo un amigo en los medios. Creo que voy a llamarla, enviarle por correo electrónico esa lista de correos electrónicos y la lista de incidentes. Tal vez la presión del público haría las cosas.”
“Espero que no llegue a eso, Danny”, respondió Alan. “Si recuerdas, tu hija atacó y golpeó a Emma la noche anterior. Eso es además de amenazarla, aquí. Podríamos presentar cargos. Tengo el video de vigilancia del centro comercial, y un recibo firmado de esa superheroína adolescente, Shadow Stalker, que verifica que vio que sucedió, en lo que pudo haber provocado disturbios.”
Oh. Así que esa era la razón por la que Emma había estado tan confiada. Ella y su padre tenían un as bajo la manga.
“Hay circunstancias atenuantes”, protestó mi padre, “Tiene una conmoción cerebral, fue provocada, solo golpeó a Emma una vez. Los cargos no se mantendrían.”
“No. Pero el caso podría prolongarse por algún tiempo. Cuando nuestras familias solían cenar juntas, ¿recuerdas que dije como la mayoría de los casos se resolvian?”
“Decidido por quién se quedaba sin dinero primero”, dijo mi padre. Sentí que me agarraba un poco más fuerte.
“Puedo ser un abogado de divorcios, pero lo mismo se aplica en un caso criminal.”
Si fuéramos a los medios, presionaría los cargos de asalto solo para drenar nuestras cuentas bancarias.
“Pensé que éramos amigos, Alan”, respondió mi padre, con la voz tensa.
“Éramos. Pero al final del día, tengo que proteger a mi hija.”
Miré a mis maestros. A la Sra. Knott, quien incluso diría que era mi maestra favorita, “¿No ven la mierda que es esto? Nos está chantajeando frente a ustedes, ¿y no pueden entender que esta manipulación ha estado ocurriendo desde el principio?”
La señora Knott frunció el ceño, “No me gusta cómo suena, pero solo podemos comentar y actuar sobre lo que sucede en la escuela.”
“¡Está sucediendo justo aquí!”
“Sabes a lo que me refiero.”
Me alejé. En mi prisa por salir de esa habitación, prácticamente pateé la puerta. Mi papá me alcanzó en el pasillo.
“Lo siento”, dijo.
“Lo que sea”, dije, “estoy tan no sorprendida.”
“Vamos a casa.”
Negué con la cabeza, alejándome, “No. Necesito ir. Irme. No estaré en casa para la cena.”
“Detente.”
Hice una pausa.
“Quiero que sepas que te amo. Esto está lejos de terminar, y te estaré esperando cuando vuelvas a casa. No te rindas, y no hagas nada imprudente.”
Abracé mis brazos cerca de mi cuerpo para hacer que las sacudidas en mis manos se detuvieran.
“Bueno.”
Lo dejé atrás y me dirigí a la puerta principal de la escuela. Comprobando dos veces que no me había seguido y que no podía verme, saqué uno de los teléfonos celulares desechables del bolsillo delantero de mi sudadera. Lisa contesto a mitad del primer llamado. Ella siempre lo hacía, una de sus pequeñas peculiaridades.
“Oye. ¿Como fue?”
No pude encontrar las palabras para una respuesta.
“¿Así de mal?”
“Sí.”
“¿Que necesitas?”
“Quiero golpear a alguien.”
“Nos estamos preparando para una redada en el ABB. No te molestamos porque aún te estás recuperando, y sabía que estarías ocupada con tu reunión en la escuela. ¿Quieres participar?”
“Sí.”
“Bueno. Nos estamos dividiendo por un montón de ataques coordinados con algunos de los otros grupos. Estarías con, eh, un segundo...”
Ella dijo algo, pero no fue dirigido al teléfono. Escuché la voz baja de Brian respondiendo.
“Cada equipo se está dividiendo, es un poco complicado de explicar, pero sí. Perra iría con uno o dos miembros de los Viajeros, algunos de la Cuadrilla de Faultline y probablemente algunos de Imperio Ochenta y Ocho. Nos ayudaría mucho a mantener la calma si fueras también. Especialmente con la tensión entre nosotros y el Imperio.”
Pude ver el autobús al final de la calle, acercándose.
“Estaré allí en veinte minutos.”

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2018.06.16 00:44 master_x_2k Colmena III

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Colmena III

Hubo un largo chirrido de retroalimentación, seguido del sonido apenas audible de un hombre aclarándose la garganta.
“Atención compradores. Tenga en cuenta que las tiendas cerrarán a las cinco y media esta tarde, en cooperación con el toque de queda de toda la ciudad. Asegúrese de cooperar con las autoridades en las entradas y salidas del centro comercial Weymouth y regrese a sus hogares antes de las seis en punto. Gracias.”
La multitud de personas que habían detenido en la conversación y paseo para escuchar el anuncio comenzó a moverse y hablar nuevamente, como si alguien hubiera detenido un video y hubiera presionado el botón Reproducir para que las cosas comenzaran una vez más.
Miré a mi papá, “¿Deberíamos irnos? ¿Ganarle al tráfico de último minuto?”
“Por supuesto. Si no hay nada más que necesites.”
Regresaría a la escuela mañana, y mi padre tal vez había sentido lo estresada que estaba, porque se ofreció a llevarme de compras. Se sintió un poco redundante después de haber estado con Lisa y los chicos hace una semana, pero me dio la oportunidad de recoger algunos elementos esenciales y pasar un momento de calidad con mi padre.
En las bolsas que sostenía mi padre, tenía una mochila nueva, algunos cuadernos, bolígrafos, media docena de libros y un par de zapatillas nuevas. El tipo de cosas que no habría comprado con Lisa, porque eran tan aburridas, como los cuadernos, o porque eran el tipo de cosas que siempre me tomaba una eternidad en decidirme, como los libros y los zapatos.
En general, el viaje al centro comercial fue un gesto agradable, y de alguna manera significó más para mí que Lisa cubriéndome con ropa de unos cientos de dólares. Tal vez porque era algo para .
Nos dirigimos a la salida, y tuve que contener un gruñido. Aún faltaban más de media hora para que se cerraran las puertas, pero a la salida había un tumulto de cuerpos. Tal vez la mitad estaba tratando de irse, pero la otra mitad estaba boquiabierta.
Tanto dentro como fuera de las puertas de vidrio de la entrada del centro comercial, había soldados. Sus pistolas estaban enfundadas, pero parecían bastante intimidantes de todos modos. En medio de los soldados había dos capas; Battery y Shadow Stalker. Sabía que los miembros del Protectorado, los Custodios y varios voluntarios estaban estacionados en lugares donde había grupos de personas, especialmente en áreas dentro y alrededor del territorio de ABB. Los Custodios, supuse, eran demasiado jóvenes para manejar un solo lugar por sí solos, que era probablemente la razón por la cual Shadow Stalker estaba en un rol de 'compañera' aquí.
Había tenido mucho tiempo para ver las noticias ya que estaba en reposo en cama. Bakuda estaba haciendo honor a lo que ella había estado diciendo sobre maximizar el miedo y el pánico combinando la imprevisibilidad con la certeza sombría. Todos los días, hubo informes de que entre una y cinco bombas explotaban, y aunque cada una de ellas probablemente era una ventaja para el ABB de alguna manera, no había forma de saber qué golpearía a continuación o por qué. Un artículo en línea había conjeturado que a medida que la presencia militar y de superhéroes obligaba a el ABB contra una esquina, los ataques solo aumentarían. Las escuelas, los centros comerciales y los edificios de oficinas eran objetivos potenciales. Justificación suficiente para una presencia armada aquí en el centro comercial.
Lo bueno fue que el centro comercial había organizado grandes ventas en prácticamente todas las tiendas para mantener el negocio en marcha. Quizás no sea la cosa más brillante o más lógica, pero demasiadas empresas y empleados vivían con lo que ganaban día a día por aquí.
Entrar había sido como pasar por la seguridad del aeropuerto, nuestras bolsas fueron revisadas y mostramos una identificación. Nada muy malo. Había sido solo Manpower de New Wave parado cuando llegamos, y no había mucha gente. Esto era algo más, dos heroínas atractivas y peligrosas, ambas con cierta controversia a su alrededor. Por mucho que pudiera entender por qué los héroes estaban aquí, podría decir que estaban reduciendo la velocidad de las cosas, ya que los curiosos se interponían en el camino de las personas que realmente se estaban yendo. La mitad de la presencia militar que estaba dentro del centro comercial estaba ocupada trabajando para mantener a la multitud alejada de las puertas y de los dos héroes e intentando organizar a la gente en líneas.
El progreso a través de la línea fue lento, pero lo admito, fue interesante poder ver a Shadow Stalker y Battery haciendo su trabajo desde una perspectiva segura.
Battery era un miembro del Protectorado. Cuando comencé en la secundaria, ella había sido la líder de los Custodios por un breve tiempo, y pronto se había graduado al Protectorado. Podía suponer que ella tenía veintidós o más ahora, si alteraron la fecha de graduación o algo así para que sea más difícil adivinar la edad real de la heroína. Su poder se cargaba mientras se mantenía quieta y concentrada, con cada segundo que pasaba cargando otorgándole unos pocos segundos de velocidad enormemente mejorada, algo de fuerza extra y algunos poderes electromagnéticos. Su traje era blanco y gris oscuro, con líneas azul cobalto que lo trazaban como se puede ver en una placa de circuito. Las preguntas sobre si su compañero de equipo Assault era su novio o su hermano se habían topado con respuestas evasivas, lo que llevó a que una pequeña fracción de los fanáticos de superhéroes locales a suponer que él era ambos. Cada vez que ella hacía algo en público, podías confiar en que los tableros de mensajes en línea explotarían con especulaciones y teorías.
Ese drama al estilo de la telenovela / paparazzi nunca me llamó la atención. Ignorando la vaga posibilidad de que tal vez hubiera algo de verdad en lo que decían, pensaba que ella era la clase de héroe que podía admirar. Era agradable, trabajaba duro, y en esas situaciones inevitables en las que se encontraba en la televisión con un imbécil tratando de molestarla, manejaba las cosas bastante bien.
Battery se inclinó para poner su mano sobre la oreja de Shadow Stalker y susurrarle algo. Shadow Stalker asintió y luego se volvió para atravesar la puerta de cristal y decir algo a los soldados apostados afuera. Literalmente atravesó de la puerta. Mientras lo hacía, se puso un poco humeante, como si estuviera hecha de arena y no de algo sólido. No me pareció constructivo. En sus zapatos, creo que me habría comportado como de costumbre, sin darles más razones para mirar. Habría usado una puerta normalmente.
Tal vez era parcial. Sentí que no me gustaba o la odiaba por principio, ya que ella era la autoproclamada némesis de Grue. Lisa y Alec explicaron que Shadow Stalker era un vigilante[1] que accedió a unirse a los Custodios en lugar de ir a la cárcel, después de ir demasiado lejos en la búsqueda de la justicia. Se suponía que debía estar usando armas no letales, pero no lo hacia.
Las capas siempre parecían mucho más grande e impresionante en las noticias. Una vez que mirabas más allá de la capucha y capa de camuflaje urbano gris oscuro, y el metal pintado de negro de su máscara, Shadow Stalker seguía siendo una adolescente. Solo aproximadamente tan alta como yo. Battery era solo cinco centímetros más alta que Shadow Stalker o yo, lo que significaba que aún era más baja que la mayoría de los hombres de la multitud. Ahora que había estado involucrada en cosas de capa, sentía que podía mirar más allá del disfraz de una manera que la mayoría no veía. Se veían normales, más o menos.
“Alan”, mi padre habló, “Ha pasado mucho tiempo.”
Me volví para mirar. Debería haberme sorprendida, o conmocionada, pero cuando me di cuenta de con quién nos habíamos topado, me sentí demasiado desganada.
“Es bueno verte, Danny. He querido entrar en contacto.”
“No es un problema, no es un problema”, mi padre se rió fácilmente. Estrechó la mano del hombre de mejillas rojas y pelirrojo. Alan Barnes. “En estos días, podemos considerar algo bueno el estar ocupados. ¿Tu hija está aquí?”
Alan miró a su alrededor, “Tenía sed, así que estoy manteniendo nuestro lugar en la fila mientras ella... ah, aquí está.”
Emma se unió a nosotros, una Sprite dietética en una mano. Ella pareció momentáneamente sorprendida al verme. Luego sonrió, “Hola Taylor.”
No respondí. Hubo unos momentos de silencio incómodo.
“Tenemos que volver a contactarnos, Danny”, el papá de Emma sonrió, “Tal vez podrías venir para una barbacoa alguna vez. Cuando esté un poco más cálido, el clima será perfecto para ello.”
“Me gustaría eso”, estuvo de acuerdo mi papá.
“¿Cómo está el trabajo?”
“Mejor y peor. Hay trabajo para los trabajadores portuarios, con tareas de limpieza y reconstrucción, así que está bien.”
“¿Y tus proyectos? ¿El ferry?”
“Me he resignado a esperar unos meses más antes de volver a hacer ruido. Las elecciones municipales son este próximo verano, y habrá elecciones para el consejo de la ciudad este otoño. Espero ver algunas caras nuevas, personas que no descarten algunos esfuerzos de reactivación como opciones.”
“Te deseo suerte, entonces. Sabes que mi empresa está allí si nos necesitas.”
“Lo aprecio.”
Emma desvió su atención de mirar distraídamente a las heroínas y al ejército trabajando a la conversación de nuestros padres. Mi papá la vio mirando hacia él y decidió incluirla en la conversación.
“Así que. ¿Emma todavía está modelando?”
“¡Así es!” Alan sonrió orgulloso, “Y lo está haciendo bastante bien, pero esa no es la razón por la que estamos aquí hoy. Solo estuvimos aquí por las ofertas”, Alan se rió un poco, “Mi hija no me permitió relajarme en cuanto oyó hablar de eso.”
“Ah. Nosotros también. De compras, quiero decir. Taylor fue atrapada al borde de una de las explosiones, cerca de cuando comenzó todo este espectáculo”, respondió mi padre, “Ha estado en casa por una semana recuperándose. Pensé que iríamos de compras antes de que ella volviera a estar al corriente de las cosas.”
“¿No hay nada serio en cuanto a lesiones? Espero”, Preguntó Alan.
“Estoy en una sola pieza”, le respondí, sin quitar los ojos de Emma.
“Eso es bueno. Dios mío, eres la tercera persona que conozco que ha sido afectada por esta anarquía. Uno de mis socios está recuperándose de la cirugía. Una explosión cristalizó su brazo, lo convirtió en vidrio. Terrible.” Alan le dijo a mi padre: “¿Cuándo termina esto?”
Mientras nuestros papás hablaban, Emma y yo nos mirábamos la una a la otras.
Entonces Emma sonrió. Era una mirada que había visto tantas veces en los últimos años.Era la sonrisa que me había recibido cuando volví a la escuela desde el hospital, en enero, esa mirada que me hizo saber que no había terminado. La misma expresión que tenía cuando me estaba mirando, cubierta de jugo y cola en el cubículo del baño de la escuela. La que ella tenía usando cuando salí de las duchas para encontrar mi ropa metida en los inodoros, tanto mi ropa de gimnasia como las normales.
La misma sonrisa que había tenido antes de que ella me recordara cómo mi madre había muerto, frente a todos.
El sonido del impacto fue como un chorro de agua en mi cara. Sentí una punzada de dolor por la hendidura que uno de los perros de Perra había hecho en mi brazo, cuando la conocí. Aún seguía dolorida.
Emma se cayó, chocando con su padre, quien dejó caer las bolsas que sostenía. Hubo suspiros de la multitud que nos rodeaba.
“¡Taylor!” Mi padre gritó, horrorizado.
Mi mano estaba ardiendo. Extendida frente a mí, como si fuera a estrechar la mano de alguien. Me llevó unos segundos conectar los puntos. ¿La había golpeado?
Emma me miró, con los ojos muy abiertos, la boca abierta, una mano al lado de su rostro. Estaba tan sorprendida de lo que había hecho como ella. No es que me sintiera mal. Una gran parte de mí quería reírse en su cara. ¿No estabas esperando eso? ¿Calculaste mal cómo reaccionaría?
Las manos me tomaron con un agarre de hierro y me hicieron girar. Shadow Stalker. Ella se interpuso entre Emma y yo. Ojos marrones oscuros me fulminaron con la mirada desde detrás de su máscara.
“¡¿Por qué fue eso?!” Alan protestó, “¡Emma ni siquiera dijo nada!”
“Lo siento mucho”, mi padre se apresuró a explicarle a la superheroína y al padre de Emma: “Todavía se está recuperando de una conmoción cerebral, ha afectado su estado de ánimo. No esperaba nada tan extremo.”
Shadow Stalker lo regañó, “Este no es el momento ni el lugar para las discusiones. Si tu hija está así de... mal, esa es tu responsabilidad.”
Me dio ganas de reír. Parte de eso era estar eufórica por hacer algo para vengarme de Emma. La otra parte era que todo este escenario era tan ridículamente al revés. Shadow Stalker no era realmente nada especial. Ella era solo una adolescente, dando disciplinando a mi padre, un adulto. La multitud que estaba observando estaba viendo a Emma como la víctima, a mí como el malo. Pero si te removieras el traje, si todos supieran la historia real, todo esto se juzgaría de manera diferente. Emma sería la mala persona, y mi padre no sería tan conciliador con esta chica que lo regañaba.
Tuve la presencia de la mente para no reírme en voz alta. Tal vez fue la adrenalina, el alivio que fluyó de lo que acababa de hacer. Tal vez fue la conmoción cerebral, de nuevo, pero encontré la convicción de hacer otra cosa.
Señalé a Emma, ​​volví a mi padre, “¿Quieres saber por qué la golpeé?”
Shadow Stalker puso una mano en un lado de mi cara, me obligó a mirarla, impidiéndome hablar en el proceso. “No. Estoy deteniendo esto aquí mismo. Sin argumentos, sin excusas sobre por qué acabas de agredir a alguien. Estamos separando esto ahora. Date vuelta.”
“¿Qué?” Me reí a medias, incrédulo, “¿Por qué?”
“Taylor”, dijo mi padre, pareciendo agotado, “Haz lo que ella dice.”
Realmente no importaba, porque ella me obligó a darme la vuelta de todos modos, torciendo mi brazo hasta que lo hice, luego tirando de mis brazos detrás de mi espalda.
“Por favor, señorita”, dijo mi papá, “Esto no es necesario.”
Shadow Stalker ató mis muñecas con lo que supuse que era una muñequera de plástico. Demasiado apretado. Luego se volvió hacia mi padre y su voz se calló. “Mira a esta multitud. Estas personas. Están asustados. ¿Un lugar como este, con este pánico, temor y preocupación tan reprimidos, esta gente tan cerca? No me importa si tu hija es una idiota o simplemente está enferma. Ella ha demostrado ser volátil en una situación que es un barril de pólvora. Es peligroso y estúpido tenerla aquí. Puede cortarle las esposas plasticas cuando este lejos de alguien a quien pudiera lastimar.”
“No soy peligrosa”, protesté.
“No me parecío así a mí.” Shadow Stalker negó con la cabeza y me dio un empujón hacia la salida, “vete a casa y sé agradecida de que tu papá no tenga que pagar fianza para que duermas en tu propia habitación esta noche.”
Mi padre sostenía sus bolsas con una mano para que él pudiera ayudar a guiarme hacia la puerta. Miró por encima del hombro a Alan, “Lo siento mucho. Es la conmoción cerebral.”
Alan asintió, compasivo. Sus rubicundas mejillas estaban rojas por la atención que nuestra escena había dibujado, “Lo sé. Está bien. Solo... tal vez debería quedarse en casa por un poco más de tiempo.”
Mi padre asintió, avergonzado. Me sentí mal por eso. Me sentí peor al ser llevada como un criminal, mientras que Shadow Stalker le tendió una mano a Emma para ayudarla a levantarse. Emma estaba radiante, sonriendo con una de las sonrisas más amplias que le había visto dar, a pesar de la marca roja en un lado de su rostro. Sonriendo tanto por cómo resultaron las cosas, imaginé, como por tener la oportunidad de hablar con la superheroína preocupada.
Nos dirigimos al auto, lejos de la multitud, los soldados y Emma. Me quedé de pie junto a la puerta abierta del acompañante durante dos minutos antes de que mi padre recogiera un cortaúñas para cortar las esposas plásticas.
“No estoy enojado”, me dijo, en voz baja, después de que nos hubiésemos acomodado, mientras encendía el automóvil y nos sacaba del estacionamiento.
“Bueno.”
“Es perfectamente comprensible. Estas emocionalmente sensible, después de ser golpeada por la explosión, y ella te recuerda lo que está sucediendo en la escuela.”
“Más de lo que sabes”, murmuré.
“¿Hm?”
Me miré las manos, me froté las muñecas donde la cinta de plástico las había cortado.
Si no se lo decía ahora, no creo que lo haga nunca.
“Es ella. Emma.”
“¿Oh? ¿Qué?” Él sonaba confundido.
No tenía la fuerza para aclarar las cosas. Solo le dejé pensarlo.
Después de una larga pausa, él solo dijo: “Oh.”
“Desde el principio. Ella y sus amigos”, agregué innecesariamente.
Las lágrimas brotaron, inesperadas. Ni siquiera me había dado cuenta de que tenía ganas de llorar. Levanté mis gafas para frotarlas, pero salieron más.
“Estúpida lesión en la cabeza”, murmuré, “cambios de humor estúpidos. Se supone que debo estar mejor ahora.”
Mi papá negó con la cabeza, “Taylor, pequeña, no creo que sea la única razón.”
Él se detuvo.
“¿Qué estás haciendo?” Pregunté, limpiándome ineficazmente la mejilla, “Tenemos que llegar a casa antes del toque de queda.”
Se desabrochó el cinturón de seguridad y me abrazó, mi rostro contra su hombro. Mi aliento se detuvo con un sollozo.
“Está bien”, me aseguró.
“Pero-”
“Tenemos tiempo. Tómate el tiempo que necesites.”
[1] El termino vigilante se refiere a los héroes que actúan fuera de la ley, o al menos mas fuera de la ley que lo que se acepta en el mundo. Osea que lastima de más, mutila o hasta mata.

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2016.05.22 12:06 EDUARDOMOLINA Zandi y el cenagal de los codiciosos.Para aquel entonces, 2004,. los Cebrián y los Zandi eran ya uña y carne. Como lo era el propio Felipe González, la otra cara de la moneda Cebrián, Zipi y Zape.Caviar para todas las ocasiones, y propinas de 100 euros por cualquier minucia.

Por Jesús Cacho
http://vozpopuli.com/analisis/82289-zandi-y-el-cenagal-de-los-codiciosos
"Escena madrileña. Un empresario con intereses en la industria editorial avanza por el pasillo de un restaurante de postín para toparse de frente con una mesa que comparte Juan Luis Cebrián y un tipo de mediana edad y gran atractivo físico. El capo de Prisa se levanta solícito y saluda al recién llegado: “Fulano, quiero presentarte a Massoud Zandi, íntimo amigo mío y próximo presidente de la República de Irán”. De esto hará unos 10 años y Zandi, que presume de ser hijo de un ministro del último Sha de Persia, tiene tantas posibilidades de ser presidente de la República Islámica de Irán como Papa de Roma. En realidad, el hispano-iraní, que en algún momento de su saga/fuga española amagó con ser la oposición a Mahmud Ahmadineyad en Europa, se ha dedicado a pasear al régimen de los Ayatolás por Madrid y alrededores, montándole “cumbres” y encuentros empresariales como si de una bien engrasada agencia de relaciones públicas se tratara. Lo suyo no es la política, sino los negocios de altos vuelos con la elite político-económica española.
A principios del 2000, Zandi, 54 años, había elegido ya su anclaje madrileño en la figura del poderoso consejero delegado de Prisa, el hombre que a los mandos de El País tanto pánico ha provocado entre los poderes fácticos hispanos en los últimos 40 años, tanto veneno ha sembrado por la línea divisoria de “las dos Españas”. En Cebrián y en Teresa Aranda, su entonces mujer. Zandi abrió a la periodista un restaurante en La Moraleja, Plaza de la Fuente, un lugar decorado con mimo que aspiraba a ser al mismo tiempo café concierto y club de jazz. Lo financió Zandi, y casi al mismo tiempo (octubre de 2004) le puso (un millón de euros) una Fundación ad hoc, la Fundación Atman para la Alianza de las Civilizaciones, para entretener su ocio como vicepresidenta, bajo la presidencia honorífica del propio Zandi. Eran los tiempos dorados de Zapatero, y nuestro hombre, muy amigo de Miguel Sebastián, jefe de la oficina económica del presidente, y de periodistas como Pedro J. Ramírez y Antonio Ferreras, entraba en Moncloa como Pedro por su casa. Muy ligada al PSOE, en el patronato de la Fundación Atman figuraba gente como Augusto Delkader, Javier Gómez Navarro, Fernando Vallespín y Rosa Regás. Para aquel entonces los Cebrián y los Zandi eran ya uña y carne. Como lo era el propio Felipe González, la otra cara de la moneda Cebrián, Zipi y Zape. El 2 de septiembre de 2006 los españoles se desayunaron con la foto en la prensa de González estrechando la mano de Ahmadineyad en Teherán, un tipo cuya máxima aspiración consistía entonces en borrar a Israel del mapa mediante el uso de la bomba atómica, en un viaje preparado por Zandi y que, en contra de las teorías divulgadas al respecto, no era más que un simple viaje de negocios. Dinero, solo dinero.
El “tout Madrid” estaba entonces convencido de que Zandi se dedicaba a importar petróleo de Irán para las refinerías españolas, naturalmente para las de Repsol, y de que con las comisiones de tal comercio se financiaban cosas como el restaurante de lady Aranda y la Fundación Atman. El personaje comenzó a ser conocido en España gracias a un artículo aparecido en El Confidencial en septiembre de 2006, donde quien esto suscribe dibujaba a grandes rasgos la vida y milagros de este singular vendedor de alfombras persas, brillante, dicharachero, seductor, adulador, mujeriego, simpático a rabiar, besucón, magnánimo hasta el exceso, que, sin embargo, ha seguido en la sombra durante 10 años más hasta que el escándalo de los papeles de Panamá ha vuelto a sacar a flote su figura de conseguidor de altos vuelos, al vincularlo con cerca de 10 sociedades offshore, los mismos papeles que han puesto en la picota a Aranda y a su ya ex marido Cebrián. En los últimos días ha sido el periodista Agustín Marco quien mejor ha puesto en evidencia la trama que une a González y Cebrián con los negocios de Zandi, concretada, en el caso del ejecutivo de Prisa, en el regalo por parte del iraní de un 2% del capital de Star Petroleun, con opción de compra de un 4,9% adicional.
Zandi ha seguido en la sombra hasta que el escándalo de los papeles de Panamá ha vuelto a sacar a flote su figura de conseguidor de altos vuelos
El Café-Concierto de La Moraleja acabaría siendo un fiasco monumental que se vio obligado a echar el cierre al poco tiempo, porque una cosa es presumir de negocio glamuroso y otra saberlo gestionar. La gestión, el esfuerzo continuado en la consecución de un objetivo, tampoco es el punto fuerte de Massoud Zandi. Lo suyo era y es recibir en sus oficinas del Paseo de la Castellana 42 y hacerlo como si el recién llegado fuera un príncipe saudí. “Quedabas con él a desayunar y te recibía con caviar…” El hombre espléndido que hay en Zandi no las gasta menos. “Es el mejor agasajador del mundo, sobre todo en esa Marbella de los grandes veraneos, donde recibía delegaciones de árabes dispuestos a hacer negocios o simplemente a gozar del clima y las chicas de piernas largas como autopistas. Es la fascinación que siempre han generado los del turbante entre las filas de esos paletos españoles trastornados por la repentina riqueza de los pobres Kombach. Uno se codea en Marbella con un tipo con chilaba y no sabe si se trata de un miembro de la infinita parentela de los Al-Saud o de un estafador disfrazado de mago Merlín.
Zandi lo pagaba todo, en Marbella y en Madrid. Él se encargaba de recibir en Barajas a los del turbante, de alquilar las suites en el Villamagna, de las limusinas para los desplazamientos, de las cenas en los mejores restaurantes y de cualquier otra cosa que sus invitados pudieran desear. Más que de un comisionista, se comportaba como si se tratara del heredero al trono saudí. Caviar para todas las ocasiones, y propinas de 100 euros por cualquier minucia. La venta de Vending Pizza, el negocio de máquinas expendedoras de pizza que Zandi colocó a Martínez Pujals, dueño de TelePizza, en marzo de 1999, le proporcionó una buena suma de dinero, una cantidad que utilizada con criterio hubiera proporcionado a cualquier persona juiciosa caudal suficiente para llevar una vida desahogada. No a Massoud Zandi, cuyo estilo de vida venía marcado por un casoplón en La Finca (Pozuelo de Alarcón) valorado en 8 millones y por una flota de coches Ferrari de colección.
¿De dónde saca para tanto como destaca?
¿Y de qué ha vivido Zandi tantos años en España? ¿De dónde saca para tanto como destaca? Hay quien sostiene que el rumboso hispano-iraní ha venido financiando su estrepitoso nivel de vida con el dinero que unos cuantos ricos españoles han venido poniendo en sus manos para invertir en los negocios que emprendía. Como el de la compañía minera SP Mining, con supuestos derechos de explotación de yacimientos minerales sobre 130.000 km2 en Chad, proyecto en el que Alberto Cortina invirtió cerca de 20 millones que el empresario da por perdidos y que ahora reclama en los tribunales a su antiguo amigo. El mismísimo Felipe González participó, en las oficinas de Paseo de la Castellana 42, en diversas reuniones entre Zandi y ministros de los Gobiernos de Chad y de Sudán del Sur para sacar adelante las licencias de explotación de las minas, en un caso, y del crudo, en otro, se supone que no gratia et amore. La obsesión de Zandi, con todo, ha sido el negocio del petróleo, la gallina de los huevos de oro de todo oriental con aspiraciones que se precie. El petróleo y Repsol, una fortaleza cuyo asalto ha intentado de mil formas y maneras con la intención de facturar las correspondientes comisiones. Lo intentó, con cierto éxito, bajo la presidencia de Alfonso Cortina, con Miguel Ángel Remón como vicepresidente ejecutivo (Remón operaría después como auténtico abrelatas de Zandi para toda clase de operaciones), con episodios, entre lo divertido y lo chusco, como el viaje a Kuwait en el que embarcó a Cortina tras convencerle de que tenía cerrada la compra del 10% de la petrolera por parte de KIO.
El viaje al emirato se demostró un fiasco, pero no la idea de Star Petroleum (SP), una compañía con domicilio fiscal en Luxemburgo pero controlada desde Seychelles y Samoa, que se vendió entre muy notorios personajes madrileños como propietaria de los derechos de explotación de una amplia zona de Sudán del Sur, en la que invirtió gente como Piedrahita, Alcántara, Minc, Yullera, Mesonero Romanos, Merino, Cebrián y algunos otros. Hasta un hombre tan aparentemente juicioso como Luis Jiménez, socio de Deloitte, a quien Zandi había encargado un informe sobre las cuentas de la petrolera, pareció haber perdido la cabeza ante la posibilidad de hacerse millonario: “Que dejo Deloitte”, decía deslumbrado a un amigo, “me voy a dedicar al negocio del petróleo y que le vayan dando a la auditoria”. Estábamos en pleno boom del ladrillo y muchos españoles, demasiados, habían decidido dar su particular pelotazo a costa de lo que fuera, fiel reflejo de un país donde el dinero se había convertido en el único Dios digno de ser adorado. Y Zandi, tan listo, tan guapo, tan seductor, era el caballo por el que había que apostar. Solo tenía, solo tiene un punto flaco el dandy Zandi: su capacidad -incapacidad más bien- para perder gran parte de su encanto a partir de la segunda copa, con el segundo trago.
En realidad SP era un cascarón vacío, “una estafa en toda regla”, al decir de alguno de los inversores aludidos. “SP tiene una opción, en disputa, sobre un campo de exploración en Sudán del Sur, pero no tiene título de propiedad que lo avale, y si lo tuviera tendría que empezar a desembolsar dinero en cantidad para pagar el “bono” al Gobierno, acometer la sísmica y, a continuación, empezar a pinchar para saber si se encuentra petróleo o no. Mucho dinero que no es fácil de encontrar con el actual nivel de precios del crudo”, asegura un buen conocedor del sector. “A Repsol llegan al cabo del año muchos supuestos negocios como este, concesiones de explotación que no valen nada, porque hay que invertir no menos de 3.000 millones de dólares para perforar y ver si sale algo. Es el timo de la estampita”. La compañía, prácticamente sin activos, ha abierto una ampliación de capital de un millón de euros (cifra apenas suficiente para pagar sueldos atrasados), a la que no parecen querer acudir algunos de los actuales accionistas, ello después de haber reducido su capital a cero desde los 300 millones de valoración inicial a la que entró gente como Javier Merino, el marido de Mar Flores, que un buen día estalló en lágrimas ante una buena amiga: “Es que me han estafado 30 millones, te lo juro, Fulana”. “Pero no puede ser”, replicó la aludida. “¿Y no te han dado ninguna explicación? “Sí, me han justificado una décima parte; el resto me han dicho que se ha ido en pagar sobornos”.
“SP es una compañía con un activo que es una concesión petrolífera en Sudán, necesitada de una ingente inversión para realizar la sísmica y la prospección posterior. Una concesión cierta. A partir de ahí habrá unas reservas cuantificables y la compañía se venderá posteriormente a una de las grandes. Y hay señores que han decidido invertir convencidos de que se van a hacer multimillonarios con esa venta, señores que han creído que este va a ser el negocio de su vida. Y hasta el momento no han puesto ninguna demanda que yo sepa, de modo que de estafa nada de nada”, asegura un portavoz de Zandi. “Por supuesto que va a hacer falta más inversores, pero la sociedad está en marcha y no hay lío societario alguno. Zandi sigue siendo su administrador solidario y sigue teniendo casi el 50% de la petrolera. Otra cosa fue la sociedad minera: ahí sí, ese fue un proyecto fallido”. ¿Cómo está el señor Zandi? “Apabullado por el lío mediático que se ha montado, porque él es un hombre tremendamente discreto, pero convencido de seguir adelante, y haciendo frente a la inspección fiscal de la Agencia Tributaria sobre él y sobre sus empresas”. ¿Cómo está ese asunto? “Pues Hacienda está tratando de demostrar que reside en España, cuando su residencia real está en Dubai, de modo que está tranquilo. Lo suyo es muy fácil. Un personaje apasionante”.
La sociedad rendida al becerro de oro
Zandi o el espejo de una sociedad rendida al becerro de oro, capaz de traicionar cualquier principio ético por dinero, decidida a enriquecerse a cualquier precio, incluso a costa de arruinar la propia empresa que dirige, caso paradigmático de Cebrián. Una serie de notables hispanos creyeron descubrir en el iraní a un Midas caído del cielo para hacer con él "el negocio de su vida", antes de quedar atrapados en la madeja de un personaje mucho más listo que todos ellos y tan amoral como ellos. Zandi o el cenagal de los codiciosos. Perfecto trasunto de la España que chapotea en la corrupción de todos los días y que tan bien encarnan dos protagonistas de la Transición tan notorios como el citado Cebrián y el ex presidente Felipe González. La publicación del video en el que el expresidente del Gobierno de España alaba la figura de Zandi como un “emprendedor nato” (“es una de las personas más creativas, con más capacidad emprendedora que he conocido (…) No he visto nadie con más habilidad para crear espacios nuevos (…) tampoco con más iniciativas audaces (…) Ahora que tanto se habla de espíritu emprendedor, él es un creativo irrepetible, un emprendedor nato”) marca seguramente un hito en el proceso de degradación de nuestras élites políticas, y hace más daño a Felipe que el famoso asunto de la cal viva. Mortal de necesidad.
La pretensión de Zandi y de sus socios no era otra que la de endilgar Star Petroleum a Repsol por una cifra millonaria, una idea que Cebrián hizo suya
En realidad la pretensión de Zandi y de sus socios no era otra que la de endilgar Star Petroleum a Repsol por una cifra millonaria, una idea que Cebrián hizo suya y que pregonó por los cenáculos madrileños, afirmando que Repsol iba a comprar SP por 300 millones, porque así se lo había prometido Isidro Fainé, el gran capo de La Caixa y accionista de referencia de Repsol (la entidad bancaria ha desmentido este extremo). Hoy SP parece una sociedad quebrada en la que Javier Merino, decidido a recuperar su dinero, ha tomado todo el protagonismo. “Zandi ya no es persona grata en Sudán y es Merino el interlocutor con el Gobierno del sur y quien está volcado en la búsqueda de nuevos inversores para el proyecto”. Decidido a “poner orden”, el propio Cebrián entró en el Consejo de Administración de SP el año pasado, puesto que abandonó espantado en diciembre cuando tuvo conciencia cierta del lío en el que se había metido. Se entiende la frustración que el eximio representante de la izquierda caviar española provoca hoy entre la redacción de El País y de la SER: “A ver cuándo se va de una vez y nos deja en paz”.
Tantos reveses no parecen haber amilanado a tipo tan energético y vitalista como Massoud Zandi, emprendedor de altos vuelos que, poco antes de la firma del tratado de no proliferación nuclear entre Estados Unidos e Irán, intentó convencer a Barack Obama del levantamiento de las sanciones. La idea se la compró Rafael Ansón, que prometió hacer lobby en la Casa Blanca a través de Juan Verde, en la actualidad estrecho colaborador de la campaña de Hillary Clinton a la presidencia de los USA. Se trataba de poner cuanto antes en marcha el oleoducto capaz de llevar al Mediterráneo europeo el valioso crudo del mar Caspio cuyo transporte monopoliza hoy la compañía rusa Grazpom. Pero Verde, precavido, no se dejó enredar, no obstante lo cual “Rafansón debe haber sido el único español que ha logrado sacarle dinero a Zandi”. El hispano iraní está ahora mismo haciendo de lobista de Indra en Irán. “Yo hablo directamente con Abril-Martorell”, sostiene el emprendedor, que ha contactado con el nuevo presidente de Indra a través de Cebrián, para quien aquél trabajó a sus órdenes en el Grupo Prisa. Zandi no descansa. Cebrián, tampoco. Todo sea por la pasta."
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